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Siete llaves y catorce personas son los responsables de la seguridad de todo internet

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Desde 2010, se reúnen en un lugar de Los Ángeles los guardianes de las siete llaves maestras que controlan toda la seguridad de internet.

Llevan a cabo un ritual que permite que la web siga funcionando de una forma segura y ordenada. Cada paso de la reunión parece sacado de una película de ciencia ficción, pero su implementación es fundamental para proteger toda la información que circula en la red. 

Como muchos ya sabemos, los DNS (Domain Name System), son uno de los pilares que sustentan al internet tal como lo conocemos hoy en día, ya que se trata de la tecnología que permite traducir los nombres de la red, siendo los encargados de convertir direcciones como minegocio.com, en direcciones IP numéricas que los ordenadores puedan entender, por lo que la protección de la información contenida en las DNS es de gran importancia para todo el mundo. 

Por este motivo, el ICANN, organización sin fines de lucro que trabaja en pro de un internet seguro y estable, decidió crear siete llaves físicas de acceso a los ordenadores que controlan las DNS, las cuales son custodiadas por 14 personas ubicadas en diferentes partes del planeta, siete de ellas titulares y siete suplentes. Su deber, aparte de cuidar la integridad de estas, es el de reunirse cada tres meses en un lugar de Los Ángeles para llevar a cabo un ritual de seguridad que, en términos comunes, podríamos definirlo como un “cambio de contraseñas”, aunque el proceso real es más complejo de lo que nos podríamos imaginar. 

Una vez que están presentes, los siete guardianes deben usar las llaves para abrir una caja de seguridad que contiene una tarjeta criptográfica por representante, las cuales tienen la capacidad de generar una nueva SKR (Signed Key Response) que permite crear las claves que se distribuirán por la web para asegurar el funcionamiento del sistema DNS. Sin embargo, el protocolo está lleno de filtros de seguridad, por lo que los guardianes deben pasar por puertas bloqueadas con contraseñas de acceso, sensores de manos y reconocimiento de retina, hasta llegar a la sala donde llevan a cabo la ceremonia, en la cual hay testigos presenciales y se transmite vía streaming, quienes se aseguran de que se siga el guion previamente establecido, eliminando así la posibilidad de que uno de ellos realice algún “movimiento sospechoso”. 

Una vez finalizado el proceso, se resguardan las tarjetas criptográficas nuevamente bajo un estricto protocolo de seguridad, donde estarán esperando tres meses hasta que vuelva a realizarse el ritual, el cual evita situaciones sumamente peligrosas a nivel global, como impedir que se esparzan direcciones fraudulentas por la web, dando paso a niveles épicos de phishing que podrían, literalmente, desencadenar una tragedia económica-digital monumental.