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Ciberseguridad y 5G

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Durante la crisis por Covid-19 hemos visto un repunte de desconfianza por parte de muchas personas hacia la tecnología 5G.

Durante la crisis por Covid-19 hemos visto un repunte de desconfianza por parte de muchas personas hacia la tecnología 5G y los supuestos riesgos para la población, apuntando incluso sospechas respecto a su afectación negativa a la salud de los usuarios.

La 5G o quinta generación de tecnología de telefonía móvil sustituye a la 4G que se ha utilizado desde 2011 hasta 2020, y muchos aún recordamos el esfuerzo que supuso para los operadores de telecomunicaciones realizar aquella transición y la renovación del parque de celulares y aplicaciones móviles.

De nuevo, nos surgen inquietudes respecto a cuándo se completará la renovación del parque de celulares, qué posibilidades reales tendremos de llevar la conectividad a nuevos dispositivos como electrodomésticos, sensores biométricos o biomédicos, entornos urbanos o industriales. Estas son las grandes ventajas que promete la “Internet de las Cosas” con sus más de 50 millones de dispositivos conectados a Internet en 2025, gracias a la hipervelocidad de las redes 5G y el abaratamiento de los dispositivos que la utilizarán.  

Pero más allá de estas incógnitas, la preocupación se ha centrado en sembrar dudas sobre la seguridad de esta tecnología 5G. Si es tan rápida como se promete, ¿será el ciberespionaje indetectable?, ¿representará una amenaza la disponibilidad de una Inteligencia Artificial más potente? Para muchos gobiernos, la desconfianza ha llevado a restringir el acceso a algunos fabricantes de tecnología como en el caso del gigante chino Huawei. Se desconoce si la desconfianza se basa en sus productos o en las personas detrás de la misma.

También, cabe preguntarse si muchas de estas reticencias oficiales hacia el desarrollo de la industria vinculada a la 5G tienen que ver con otra realidad o si son meras excusas para posponer la toma de decisiones en política tecnológica e industrial, pues son muy pocos los países que han hecho sus deberes.

Muchos gobiernos aún no han liberado los espectros de radiofrecuencias que serán necesarios, ni tampoco están impulsando estrategias públicas para facilitar la renovación de los equipos móviles a la ciudadanía, para que los desarrolladores de software creen las aplicaciones que serán necesarias para beneficiarse de la 5G y para que el tejido empresarial disponga de las capacidades humanas y técnicas que les permitan acceder a esta tecnología de forma competitiva.

Hablando de ciberseguridad, paradójicamente debemos a Huawei un magnífico whitepaper sobre la ciberseguridad en 5G que es contundente en sus conclusiones: los riesgos para los usuarios en materia de ciberseguridad, tales como ser víctimas de espionaje, fraude electrónico, etc., son prácticamente los mismos que tiene de por sí un usuario de la actual 4G, es decir, si no se configuran sistemas de telecomunicaciones seguros y si no disponemos de dispositivos que integren la ciberseguridad por defecto, estaremos expuestos a ser víctimas de los cibercriminales.

Debemos exigir a nuestras estrategias nacionales de ciberseguridad que preparen reglas del juego que garanticen el uso seguro por parte de los usuarios independientemente del fabricante o proveedor de servicios digitales.

En cuanto a la otra sospecha sobre la seguridad para la salud, apenas se han realizado estudios que descarten que las emisiones de onda en sus rangos de radiofrecuencia afecten o no a la salud de los seres vivos, por lo que las acusaciones son mayormente especulativas, y será necesario impulsar la investigación para despejar las dudas y que el rechazo social no frene un proceso de revolución de las comunicaciones que se debe realizar lo más rápidamente en beneficio de toda la humanidad.

 

Fuente de información: https://www.forbes.com.mx/ciberseguridad-y-5g/